Anhelando el contentamiento

Burk Parsons | May 19, 2016


Dios ha puesto la eternidad en nuestros corazones. Ha inscrito el cielo en nuestras almas. Él nos creó para anhelar un mundo perfecto y desear lo que es supremamente ideal. Queremos ser completa y finalmente libres del sufrimiento y la miseria de este mundo, y por último, de nuestro pecado, no solo de la convicción y la tristeza que nuestro pecado nos trae, sino también del daño y el dolor que trae a aquellos más cercanos a nosotros. Como criaturas redimidas pero caídas en este mundo caído, queremos desesperadamente terminar con el pecado y sus consecuencias. Queremos ser menos orgullosos, menos impacientes, menos tristes, menos preocupados, menos cargados, y queremos ser más santos, más arrepentidos, más dados a la oración, más en paz y más contentos. Somos, como Martin Lutero enseñó, “simul justus et peccator”, al mismo tiempo justos y pecadores. En Cristo, Dios nos ha declarado justos, aunque todavía nos esforzamos cada día para mortificar nuestro pecado en la carne. Pero vendrá un día cuando ya no vamos a luchar, cuando nuestra fe será vista, cuando veremos cara a cara Cristo Jesús, cuando nosotros ya no desearemos, ya no necesitemos, ya no nos falte contentamiento.

Pero según su promesa…


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