Cuando el amor me rescató de la pornografía

Cam Huxford | April 13, 2016


Pocas cosas en este mundo son constantes. Incluso aquellas más constantes en nuestras vidas cambian continuamente. El sol que sale cada mañana con una fiabilidad aparente está muriendo poco a poco, y en algún momento se extinguirá. La luna que parece atraer fielmente a las mareas se aleja de nosotros casi cuatro centímetros cada año. Este mundo es un ambiente inhóspito a la inercia. Las cosas no se quedan igual. El proceder de este mundo es el cambio, la implacable ola de crecimiento y deterioro. Aun lo más estable en nuestras vidas está cambiando: Aquellos que amamos envejecen, las vigas de madera que sostienen nuestros hogares se deterioran, el suelo que pisamos camino a casa se erosiona, nosotros mismos nos debilitamos debido a que nuestro ADN se modifica y desintegra lentamente con el pasar de los años.

Sin embargo, existe algo en este planeta que desafía estas inclementes condiciones y repele la entropía de este mundo; constante, inquebrantable, duradero, continuo, estable, firme y permanente: Hesed. El amor de Dios. Hesed es la palabra hebrea en el Antiguo Testamento para describir el pacto de amor de Dios para con su pueblo. La palabra transmite la idea de un amor que no se…


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