Cuando la gente es grande y Dios es pequeño | Reseña

Ana Ávila | May 20, 2016


Todos nosotros hemos sido culpables de preocuparnos demasiado por lo que los demás piensan de nosotros. Ya sea que tu foto en Instagram no tenga suficientes “me gusta” o que nadie se haya acercado a decirte la gran bendición que fue el sermón que predicaste el domingo. No estás satisfecho. Empiezas a pensar que hiciste algo mal. Las ideas dan vueltas y crecen frenéticamente en tu cabeza. Tu ánimo termina por los suelos.

Una de las luchas más frecuentes con mi carne es el deseo de quedar bien con las personas, especialmente con mis autoridades. Me cuesta decir “no”, y mi mente suele llenarse de pensamientos de temor de no hacer las cosas bien y decepcionar a los demás. Está de más decir que todo esto es idolatría.

En este mundo caído te dirán que para dejar de preocuparte por la opinión de terceros debes tener un autoestima fuerte y saludable. El concepto que realmente importa es el que tú tienes de ti mismo. 

Solo el que comprenda la verdadera naturaleza del ser humano entenderá que lo anterior no funciona. Como bien dijo Spurgeon, “Si un hombre piensa mal de ti, no te enojes con él porque tú eres peor…


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