Despierto y en guerra

John Piper | November 1, 2016


“Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, y mis dedos para la batalla”  (Salmo 144:1).

Hace dos mil años, el “Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel” (1 Samuel 17:45) envió a su Hijo a la tierra en un nuevo tipo de misión entre sus enemigos (Romanos 8:7; Efesios 2:3, 16). Él iría en contra de ellos no matando sino muriendo, y reuniría a los que se someten a la misma familia de su Padre. El mundo ha entrado en una nueva era.

Hasta que su Hijo crucificado, resucitado, y reinante regrese a la tierra en gloria, Dios ya no irá a los ejércitos de su pueblo con las armas de este mundo. Ese período de guerra santa del Antiguo Testamento ha terminado. Ahora ya no hay naciones, no hay pueblos, ni tribus para ser derrotadas, porque el Cordero crucificado ha redimido “para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). El enemigo no son las naciones, ni los pueblos. El enemigo es el pecado, y Satanás, y corazones que se aferran a la rebelión.

Día de Salvación

Por ahora, hasta que Él venga de nuevo, no hay trompeta convocando…


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