El asedio del pecado

| February 3, 2015


Desde pequeño desarrollé un amor por las historias épicas de guerras, conquistas, espadas, escudos, corceles y flechas. Esas historias fascinantes donde los guerreros muestran su valía en el campo de batalla, que con el correr de los años se vuelven leyendas a contar de generación en generación.

Una estrategia bélica que me asombró siempre fue la del asedio. Esta estrategia consiste en un bloqueo prolongado sobre una fortaleza (una ciudad amurallada o un castillo), con el objetivo final de asaltar la fortaleza cuando esta se debilite, ya sea por el bloqueo de abastecimiento alimenticio, que podía llevar a la ciudad a la hambruna y la rendición, o mediante la fuerza, derribando la muralla con maquinarías de asedio, cavando túneles, o logrando infiltrar infantería dentro de la fortaleza para abrir las puertas desde adentro (algo así como el caballo de Troya).

Pensar en esta táctica me sirve de ilustración a la manera en que actúa el pecado en la vida del creyente. El pecado que mora en nosotros aún (Romanos 7) está en constante batalla contra el Espíritu que también mora en nosotros desde el nuevo nacimiento. Así nos dice Pablo:


“Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el…


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