El buen regalo indeseado de la soltería

Katelynn Luedke | May 20, 2016


Nunca fui la chica que soñaba con casarse. Entré a la universidad soltera y dispuesta a acabar con el mundo. Tenía a Cristo, estaba recibiendo una buena educación, y estaba contenta. Los deseos para una familia vivían en algún lugar de mis treinta años.

En algún momento de mis años de universidad, mis amigos de la infancia comenzaron a comprometerse, casarse, y embarazarse. Rápidamente, “no es bueno que el hombre esté solo” comenzó a sonar como “¡yo también!”.

Una mañana, me desplacé a través de una publicación sobre otra amiga que se había comprometido. Ella era una buena amiga y yo estaba feliz por ella. Comencé a llorar. Me di cuenta, sin embargo, que las lágrimas en mis ojos no eran por la alegría que sentía por ella. Estaban allí porque deseaba que fuera yo la que publicara acerca de mi compromiso, y no ella.

En ese momento, me di cuenta de que lo único que quería era casarme y formar una familia. La descripción del trabajo de esposa y madre repentinamente sonaba mejor que cualquier trabajo que mi diploma podría conseguirme.

Así comenzó mi batalla con el descontento y la soledad.

La batalla con la soledad

Más rápido de lo…


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