El evangelio práctico para la crianza de hijos

| December 4, 2014


Todo llevó hasta este momento. Muchas veces el trabajo sin fin y agotador de formación, cuidado y de amor llamado “crianza” parece rendir pocos frutos. Padres desalentados y cansados buscan alguna evidencia en sus hijos de que todo este trabajo realmente ha logrado algo. Mientras continuan las peleas entre hermanos, actitudes estallan como gasolina en llamas. Y después de repetir las mismas instrucciones tantas veces que has perdido cuenta, te preguntas si es que has fracasado con tus pobres hijos para siempre.

¡Pero entonces llegó aquella noche! Todo parecía valer la pena después de esa noche. ¿Qué pasó en esa noche gloriosa? Mi hijo mayor, un adolescente, confesó un pecado que había cometido voluntariamente. ¿Por qué iba yo a considerar esta noche, este momento de confesión, un momento decisivo en nuestro viaje de crianza? Por esto: él no fue atrapado en el acto, sino que confesó libremente.

Se acercó tímidamente a nuestra habitación y me preguntó: “Mamá y papá, ¿podemos hablar?”. Él procedió a confesar abiertamente sus pecados, a hablar con franqueza acerca de su condena, y nos informó de las medidas que había tomado para corregir las cosas en


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