El fruto de la paciencia

R.C. Sproul | March 3, 2016


El profeta Habacuc estaba profundamente angustiado. Su miseria fue provocada por el espectáculo de la amenaza, de la nación pagana de Babilonia contra Judá. Para este profeta era impensable que Dios usara una nación malvada contra su propio pueblo; después de todo, Habacuc reflexionó: “Dios es demasiado santo incluso para contemplar el mal”. Así que el profeta protestó subiendo a su torre de vigilancia y exigiendo una respuesta de Dios: “Entonces el Señor me respondió: Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea. Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará. Así es el orgulloso: En él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:2-4).

Las palabras finales de esta declaración, “el justo por la fe vivirá”, se citan tres veces en el Nuevo Testamento con las familiares palabras, “el justo vivirá por la fe”. En esta frase, “la fe” se refiere a “la confianza en Dios”. Esto implica confiar en las futuras promesas de Dios y esperar su cumplimiento. La promesa a Habacuc es solo una de miles dadas por Dios…


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