Envidia | Reflexión

José Mendoza | January 29, 2016


1 Samuel 18 - 20 y 1 Timoteo 3 - 4

Entonces Saúl se enfureció, pues este dicho le desagradó, y dijo: “Han atribuido a David diez miles, pero a mí me han atribuido miles. ¿Y qué más le falta sino el reino?” De aquel día en adelante Saúl miró a David con recelo. (1 Samuel 18:8-9)

La envidia es uno de los males más secretos que infectan el corazón humano. Esa profunda inquietud o tristeza por el bien ajeno es una enfermedad que corroe el alma y no le permite al hombre percibir con agrado ni siquiera su propia realidad.  Nace en el egoísmo que no admite el alegrarse con más bienestar que el propio, y genera una barrera insalvable de encono y rivalidad con los semejantes. Podríamos decir que hay una envidia “sana” que no es maligna y que se expresa en el reconocimiento de algo o alguien que es digno de ser exaltado. Pero la envidia destructiva inmediatamente envilece, degrada y menosprecia todo lo que se le pone por delante, pero principalmente a la persona que permite que ella se anide en su corazón.

David había conquistado el corazón de todo Israel por su juventud y…


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