Espejito, espejito: el problema con la vanidad

Violeta Guerra | May 19, 2016


Recuerdo en alguna ocasión haber escuchado a mi mamá decir: “¿Pero tú no te viste en el espejo?”.

En el mundo greco-romano, la presencia o ausencia de espejos parece haberse convertido en un problema entre las mujeres, quienes, provenientes de una cultura pagana altamente licenciosa, idólatra e inmoral, se ataviaban de manera sumamente inapropiada. Por lo que vemos en el Nuevo Testamento, las mujeres en Corinto, Éfoso, Creta, Asia, Bitinia y otros lugares más estaban desviando la atención de los creyentes en el culto, de Cristo, hacia sí mismas (1Co. 11, Ef. 5, 1 Tim. 2, Tim. 2, 1 P 3). Al corregirlas, además de aclarar lo concerniente a la posición y el rol de la mujer cristiana, Pedro y Pablo hablan del atavío y decoro de las hijas de Dios.

Ahora bien, el problema presentado por su atavío no se quedó en la edad clásica, sino que sigue siendo un problema de actualidad. De hecho, el narcicismo o amor a la imagen propia ha florecido exponencialmente, manifestándose en una hermanas que cuidan en demasía su compostura, volviéndose vanidosas y esclavas de su belleza.

Definiendo la vanidad

Salomón, el hombre más sabio y rico de la tierra (1 Rey. 3:12), autor por excelencia del tema de la vanidad…


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