Evangelizando a la iglesia

| February 11, 2015


“El evangelio, la cruz y la gracia son tan solo el a-b-c del cristianismo; la entrada. Hay que hablar de estos temas a los nuevos creyentes y después pasar a otros (temas) más ‘profundos’, como el carácter, la santidad y disciplina”. Los músculos faciales bajo la piel de mi rostro inconscientemente formularon una expresión que combinaba angustia y desapruebo (y también un poco de enojo), mientras escuchaba desde la primera fila de aquella iglesia al reconocido predicador seguir con su sermón.

La práctica de atesorar, meditar y predicar el evangelio entre creyentes es tan necesaria como es misteriosamente gloriosa. Aunque quizá en menor escala que en aquella lamentable prédica, en muchas ocasiones el evangelio es tratado como una vieja señal en la carretera; un aviso que la iglesia rebasó a gran velocidad y que lentamente empezó a desaparecer en la niebla en el espejo retrovisor. Meditar en el evangelio es una disciplina olvidada para tantos, considerada como opcional o innecesaria, mientras debería ser el ancla, estandarte y médula ósea del resto de la travesía que nos llevará en ese gran día hasta los brazos de Cristo.

Lo central en el centro

Es sorprendente ver que tantos que dicen creer en el evangelio y su…


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