Glorificando a Dios con nuestros hogares

| January 29, 2015


La Palabra de Dios nos habla de que las mujeres deben ser “cuidadosas de su casa” (Tito 2:4-5). Lo que vemos en el original se puede traducir como “amadoras del hogar”. La mujer no solo vive en una casa con su familia: la mujer “hace hogar”. Podemos tener la idea de que las cosas de la casa no tienen nada que ver con la fe, pero es en el marco hogareño donde ocurren las relaciones verdaderamente espirituales en la vida. La influencia más duradera en la vida de las futuras generaciones procede del hogar. El libro de Proverbios nos enseña que “La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba” (Pr. 14:1).

Pensando entonces en nuestro llamado de ser amadoras y edificadoras de nuestros hogares, aquí algunos puntos que debemos tomar en cuenta:

1. Nuestro hogar debe ser un lugar placentero.

Un hogar placentero debe estar lleno de alegría y hermosura, la hermosura de la santidad. Nuestro hogar debe reflejar la bondad y la gloria de Dios. Hay casas que por fuera son hermosas, pero están llenas de personas infelices. ¿Es tu hogar un lugar agradable para tu familia? ¿Hay en él un ambiente…


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