Jesus no es un luchador

Joe Carter | November 21, 2016


A mis masculinos bona fide: yo pasé dieciséis años en la Marina y dieciséis segundos (acumulativos) montando toros. He pasado mis veranos en climas de 40 grados empacando heno, calzando caballos, castrando cerdos, y corriendo vueltas para entrenadores de fútbol sádicos. He reparado bombas de extracción en los campos de petróleo de Texas y he fabricado piezas de automóviles en una fábrica de Missouri. He cambiado la aviónica en un F-18, los neumáticos de vehículos todo terreno, y un carburador en un Gremlin del '76. 



He cazado agachadizas y pescado tiburones. He comido serpiente de cascabel, cocodrilo, y la hamburguesa de carne de cerdo de una ERM. He soportado estoicamente tornados, tifones, y a un niño de dos años de edad. Tengo una Glock calibre .40 debajo de la almohada. Mi héroe es John Wayne.

El contraargumento semiconclusivo a mi hombría: Poseo una gran cantidad de álbumes de Celine Dion.

En otras palabras, si bien hay algunas pruebas de que yo soy —o por lo menos una vez fui— un “hombre de hombres” aceptable, no siempre califico en la masculinidad ideal de la cultura. Claro, en comparación con un “hipster” que viste pantalones ajustados, soy un modelo de hombría. Sin embargo…


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