Opíparo | Reflexión

José Mendoza | May 20, 2016


1 Reyes 9 - 11   y    1 Pedro 3 - 4

El rey hizo además, un gran trono de marfil y lo revistió de oro finísimo. Había seis gradas hasta el trono, y por detrás, la parte superior del trono era redonda, con brazos a cada lado del asiento y dos leones de pie junto a los brazos. Doce leones estaban de pie allí en las seis gradas a uno y otro lado; nada semejante se había hecho para ningún otro reino.

(1 Reyes 10:18-20)

Hace unos años tuve la oportunidad de poder entrar al Kremlin y visitar el Museo de Armas que guarda los tesoros de los zares de la antigüedad. La majestuosidad de las vestimentas, lo fino de las joyas, los enseres, y el lugar mismo nos dejaron sin aliento. Para muestra basta un botón: Uno de los tesoros más valiosos es la corona conocida con el nombre de “Gorro de Monómaco”. La corona se hizo con ocho láminas de oro, adornadas con finísimas obra de encaje de oro, en las junturas figura la imagen estilizada de la flor de loto, y tiene, además, una copa con cruz, perlas y piedras preciosas y un forro…


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