Terror | Devocional

Juan Gómez | February 8, 2016


“Yo, Nabucodonosor, estaba tranquilo en mi casa y próspero en mi palacio. Tuve un sueño que me hizo temblar; y estas fantasías, estando en mi cama, y las visiones de mi mente me aterraron”. Daniel 4:4-5 

Es inevitable, es parte de la vida, es inclusive una evidencia de Su gracia. Hablo de ese momento cuando menos nos lo esperamos, cuando quizá por fin hemos logrado cierta estabilidad o éxito, cuando hemos encontrado en las circunstancias a nuestro alrededor un sentido de seguridad, de felicidad, de valor y propósito. 

Es cuando de repente se nos ocurre, muchas veces en medio de la noche, que este “paraíso” es demasiado vulnerable. Este frágil equilibrio se ve amenazado por lo que pudiera estar a la vuelta de la esquina que no anticipábamos y arruinarlo todo. Se nos viene a la cabeza la idea de qué pasaría si tuviéramos una situación inesperada en nuestra salud, que perdiéramos el trabajo, tuviéramos un accidente, falleciera algún ser querido, o cien mil otras posibilidades que lo amenazan. Que prácticamente todo pudiera cambiar de un momento a otro, de la noche a la mañana. 

Cuando esto ocurre no hay vuelta atrás, se ha roto el “encanto” y eventualmente la idea…


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