5 cosas que he aprendido del nido vacío

Liliana Llambés | September 17, 2015


La casa nos queda grande, con dormitorios vacíos y asientos desocupados a la hora de la comida… Después de años de crianza, de tenerlos cerca de mí, de haber sido consejera, doctora, chofer, cocinera, maestra (pues estudiaron en casa), haber llorado junto a ellos por alegrías y tristezas, de escuchar preciosas risas, escuchar el sonido de los instrumentos que practicaban, escuchar cuando tenían diferencias entre ellos, encontrar muchas veces desorden en sus habitaciones, las risas con los amigos que llegaban con ellos, ahora ya no están en casa. Ya reina el silencio total.

El inicio de esta nueva etapa en mi vida fue difícil, fueron días llanto y poco dormir. Días de mucha oración, donde en muchas ocasiones deseé vivir en donde el Señor les había llevado a prepararse, al llamado que Él les había hecho. Estaba muy consciente de que no serían solo días en los que no los vería, sino que se trataban de meses en los que no podía darles el beso de las buenas noches, compartir la Palabra con ellos, orar juntos, disfrutar esos tiempos en que juntos  como familia nos divertíamos y servíamos al Señor.

Aun mientras escribo estas líneas, es imposible que de mis ojos no broten lagrimas. Pero…


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