5 pasos para una oración centrada en Dios

Derek Thomas | January 6, 2016


Es fácil ser un crítico de la oración, especialmente de las oraciones de otros. Las palabras de Robert Murray McCheyne se citan a menudo porque siguen siendo dolorosamente ciertas: “¿Deseas humillar a un hombre? Pregúntale acerca de su vida de oración”.

La oración es “hablar con Dios”. A veces, tal vez con demasiada frecuencia, la “conversación” es completamente acerca de nosotros. Todos hemos tenido esas conversaciones tediosas que han sido totalmente unilaterales con personas que muestran poco o ningún interés en nosotros. Todo es acerca de ellos, sus intereses, deseos, necesidades y quejas. La oración puede tornarse en algo similar: hablamos sin parar de nuestros males, estamos completamente envueltos en nosotros mismos, y no mostramos interés por el diálogo que conlleva “escuchar” lo que Dios tiene que decir. Dios es paciente y —en su gracia— Él responde. Pero no debería ser este nuestro proceder. Cuando Jesús nos enseñó a orar, Él nos mostró que la oración comienza (y continúa) con Dios: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre” (Mat. 6:9). Revisa la estructura del Padre Nuestro y verás que al menos la mitad de nuestra oración debe ser dirigida a la alabanza y la adoración a Dios.


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