Cómo reaccionar ante el pecado de los demás

Oscar Arocha | August 18, 2015


Los creyentes son hijos de luz, poseedores de un conocimiento que los demás no tienen. En general, cuando un impío peca, no entiende lo que está haciendo. Pero al creyente, el pecado ajeno nos carga porque es falta doble, contra Dios y contra él mismo. La luz que poseemos nos aflige al ver la conducta nefanda de los malvados. El creyente desea la salvación y felicidad de todos los seres humanos, y por fe conoce el infierno de fuego eterno que aguarda a los incrédulos si no se arrepienten. Mira el cambio que produce saber la realidad eterna de la condenación: “Te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, de manera que les advierta a ellos, para que no vengan también a este lugar de tormento” (Luc. 16:27-28); y un verdadero creyente no debiera ser menos caritativo que un impío en el infierno. El santo sabe lo que costó a Cristo el pecado: no solo lágrimas de agua, sino también grandes gotas de sangre.

Ha sido la práctica de los santos ser afligidos por el pecado ajeno. Vemos el ejemplo del profeta Jeremías: “Mi alma llorará en secreto a causa de vuestra…


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