Esforzándonos por la santidad

José Mercado | September 2, 2015


El 22 de noviembre del 2014 completé mi primer maratón. Para poder completar esta distancia en el tiempo que me había propuesto, tuve que entrenar por 16 semanas, corriendo un promedio de más de 60 millas por semana. No bastaba llegar al día del maratón con pensamiento positivo. Tenía que intencionalmente prepararme para  completar el recorrido de 26.2 millas. La satisfacción que experimenté al poder completar solo fue posible por muchos días de intenso entrenamiento. Había días en que no deseaba salir a correr. Sin embargo sabía que para poder completar mi meta tenía que hacerlo.

Muchos creyentes no son intencionales en cultivar la piedad en su vida. Aunque no lo digan, sus vidas de piedad demuestran una marcada marca falta de esfuerzo. Por su parte, el apóstol Pablo presenta la vida del creyente como una carrera que debemos correr. Y al igual que un entrenamiento para un maratón, diariamente debemos tener la intención de vivir para crecer en piedad:

“Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad; porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente…


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